CAPÍTULO XV
Me quedé dormida pensando en el rostro de mi hermano. Ese rostro alegre y lleno de vida que siempre andaba de arriba para abajo por toda la casa. Mis padres siempre estaban orgullosos de él, era el hijo perfecto.
"Leo recibirá un premio académico por su excelente desempeño en el colegio." dijo mi madre a sus amigas cuando mi hermano tenía 10 años.
"Mi hijo ganó la competencia de natación." anunció mi padre a sus compañeros de trabajo cuando Leo tenía 7 años.
Siempre anunciaban los logros de mi hermano, Leo Leo Leo. Muchos creerían que estaba celosa pero no era así, él me inspiraba para ser mejor, para superarme y nunca rendirme. Sin embargo, mis padres nunca estuvieron orgullosos de mi. Cuando gané el premio de deletreo en segundo grado de primaria lo único que me dijeron fue: Ve hacer tu tarea y estudia más que estas sacando bajas calificaciones.
Nunca tuve su apoyo; a los 7 años me quería meter a natación y me dijeron que no, luego a los 15 años quería porras y también se negaron a dejarme entrar, a los 17 años hice el último intento y les pedí permiso para meterme a danza árabe y su respuesta fue la de siempre.
En cambio, Leo siempre me apoyó. Me ayudó a mejor mis calificaciones, salíamos a correr todas las tardes y a veces jugábamos basquetbol. Cuando ganaba un concurso, mi hermano me compraba un helado y me llevaba a la librería donde podía escoger el libro que quisiera. Leonardo siempre estuvo al pendiente mío.
Cuando se iba con sus amigos y me dejaba sola era una tortura. Mis padres me empezaban a regañar y me castigaban por cualquier cosa. Odiaba que me dejara sola con ellos, me sentía indefensa. Fui creciendo y comencé a salir con mis amigos y a pasar menos tiempo en la casa sin embargo, los regaños y castigos seguían siendo los mismos. "No recogiste tu cuarto", "No lavaste el patio" o "No hiciste las compras que te pedí". Siempre me exigían a mi y no a Leo, él era el rey de la casa. Lo bueno es que nunca fue un niño creído. Cuando nuestros padres lo halagaban demasiado él les pedía que pararan, cuando me dejaban mucho trabajo él me ayudaba. Leo es mi ángel y siempre lo será.
Daría mi vida por volver a verlo una vez más, tenerlo entre mis brazos y poder besarlo. Decirle cuanto lo extraño y cuanta falta me hace.
Esa noche soñé con él, soñé con mi dulce hermano.
Estaba sentada en el parque que estaba a unas cuadras de la casa. Estaba triste por todo lo que estaba pasando, Marco y Brayan inquietaban mi alma. Veía las nubes y dejaba que la fresca brisa me alborotara los cabellos. Estaba pensando en el mar cuando oí una voz
-Pescarás un resfriado.- dijo juguetona.
-No importa, para eso existen las medicinas o un buen helado.- respondí con una sonrisa en el rostro.
-El helado no mejora hermana, ¿cuántas veces tengo que repetirlo?
-Y cuántas veces tengo que decirte que yo soy diferente.- respondí viendo el rostro sonriente de Leo.
-Eres rara...y única.- dijo sentándose a mi lado.
-¿Qué haces aquí tan solita? Deberías estar con alguno de esos dos chicos que te aman.
-No se si es lo correcto. ¿Con quién debo estar?- pregunté viendo el rostro dulce y tranquilo de mi hermano.
-Eso yo no lo se Vane. Esa respuesta solo la tienes tú. En tu corazón.- respondió señalando mi corazón con su índice.
-Estoy muy confundida, no se que hacer.- respondí viendo el pasto.
-Siempre sabes que hacer, solo es cuestión de que escuches a tu corazón.
Solté una leve risa y coloqué mi cabeza sobre su hombro.
-Siempre eres tan sabio y tienes una buena respuesta.
-Sabio será el abuelo pero yo no....simplemente escuchó a mi corazón y lo sigo.- respondió riendo.
-El abuelo no era sabio.- dije extrañada.
-Sí lo era, a su modo. Todos somos sabios pero a veces las personas no no entienden.
-Nadie me entiende, eras él único.- dije triste y bajando la mirada.
-Al ser única tienes pensamientos que las demás personas no pueden comprender. Les cuesta trabajo pero esos dos chicos tratan de hacerlo, tratan de comprender tu mundo.
-Tendría que quedarme con Marco.- susurre.
-Tendrías que quedarte con Esteban.- dijo Leo.
-¿Esteban?- pregunté sorprendida.
-Era un vecino que estaba loco por ti...hasta que se mudo a Brasil.
Amos soltamos una carcajada y nos quedamos en silencio viendo las nubes y la tranquilidad del parque.
-Te extraño mucho.- dije rompiendo el silencio.
-Siempre estoy contigo Vanesa, vivo dentro de ti.- dijo mi hermano abrazándome.
-Tengo miedo. Estoy paralítica, no puedo moverme.- dije entre sollozos.
-Todo estará bien hermanita, yo te cuido.
-Llévame contigo.- le supliqué.-No me dejes aquí.
-Alguien tiene que cuidar a papá. Además no sería justo para Brayan, él ha dejado mucho por ti y siempre estará a tu lado. Él te cuidará y estará al pendiente tuyo.
-¿Brayan?- pregunté confundida y viéndolo a los ojos.
Leo solo asintió y me dio un beso en la frente.
-Cuando sea tu hora hermanita, estaremos juntos.- fueron las últimas palabras que pronunció mi hermano antes de que despertara del sueño y volviera a estar en la cama del hospital.
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