CAPÍTULO I
Estaba en el auto escuchando música cuando se oyó un fuerte ruido. Me quite el audífono y voltee preocupada. Un coche se había estrellado contra una barda. Baje corriendo y me dirigí al auto que acababa de tener el accidente. Me arrodille frente a la ventanilla del conductor y al poner las manos en el suelo se me enterraron unos pequeños cristales. Me asome y vi a un joven, no tenía más de 25 años.
-¿Estás bien? ¿Cómo te llamas?- pregunté acercándome más a él.
El joven solo me miro sin decir nada.
-Tranquilo, no te haré daño.- dije sacando mi celular.
Al marcar el número de emergencia me di cuenta que mis manos estaban ensangrentadas a causa de los cristales. No le tome importancia y marque el número.
-Emergencia, ¿en qué le puedo ayudar?- contestó una señorita al otro lado de la línea.
-Un joven ha sufrido un accidente automovilístico. Estoy en la calle San Lorenzo, enfrente del OXXO.
-Por favor espere unos minutos mientras corroboramos su información.- respondió la señorita antes de poner la música de espera.
-¿Qué?- exclamé viendo la pantalla del teléfono. No podía creer que me pusieran en espera. -Tranquilo, ya viene la ayuda.- le dije al muchacho que aún me veía.
-Su información ha sido corroborada. La ayuda llegara en 20 minutos.- hablo la señorita antes de cortar la llamada.
-¡20 minutos!- exclamé furiosa.
Guardé el móvil mientras pensaba: No sobrevivirá si espero a que llegue la ambulancia.
Me puse de pie para pedir ayuda a los vecinos cuando un susurro me detuvo.
-Quédate...no te vayas.
Voltee lentamente y vi que el joven estaba hablándome en un susurro mientras estiraba su mano izquierda. Me acerqué lentamente a él y le tome la mano. Al sentir su mano helada me dio un escalofrío. Miré su mano aferrando la mía con la poca fuerza que le quedaba, poco a poco fui alzando la vista y pude apreciar su juvenil rostro, era castaño con unos ojos azules, tenía una cortada que le recorría de la ceja hasta su oído derecho.
-Quédate.- volvió a decir el muchacho.
-Tengo que ir por ayuda.- dije tratando de zafar mi mano de la suya pero fue inútil porque el joven apretó más su mano.
-Quédate.- repitió por tercera vez.- sus ojos me transmitieron el miedo que sentía.
-Esta bien, me quedaré.- dije apartando con cuidado los cristales con la mano que tenía libre. Sentí como estos me raspaban la palma de la mano pero no le di importancia. Me senté sosteniendo la mano del muchacho.
-¿Cuál es tu nombre?- pregunté rompiendo el silencio que se había creado.
-Mi nombre es...es...- empezó a decir pero no pudo acabar la frase a causa de un ataque de tos.
-Respira, todo esta bien. Aquí estoy yo.- dije amablemente y mostrando una calurosa sonrisa.
-Mi nombre es...-comenzó a decir pero esta vez se hizo un silencio. Sus ojos azules me sostuvieron la mirada antes de cerrarlos y dejar de apretar mi mano.
-No no no...vamos responde, reacciona.- dije acariciando delicadamente el rostro del chico. Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos, sentía un nudo en el estómago y unas manos que me asfixiaban.
Solté la mano del joven y me las lleve a mi garganta; no había nada sobre está pero aún tenía ese sentimiento, esa sensación de no poder respirar. Mis pulmones me comenzaron a pedir a gritos aire fresco pero el aire no entraba a mi cuerpo. No podía dejar de ver al joven, de sentir que le había fallado. Minutos después sentí unas manos en mis caderas que me levantaban. Era un señor que vestía de blanco, me estaba preguntando algo pero no podía oírlo.
-Señorita, ¿está bien?- por fin escuche al hombre decir.
-Si...no...el joven...-no pude acabar la frase porque las lágrimas me invadieron de nuevo.
-El joven esta bien, se desmayó por el impacto y la sangre que perdió pero ya lo están trasladando al hospital. ¿Cómo te llamas?- me preguntó el paramédico.
-¡Vanesa! Gracias a Dios que estas bien.- exclamó mi padre corriendo hacia mí. Esquivó a unos policías antes de llegar a mi lado.
-¿Papá?- pregunté extrañada mientras él me abrazaba.
-Pensé que te había pasado algo. ¿Qué estabas haciendo?- preguntó revisando mi rostro. Al ver mis manos exclamó-¿Qué te paso?
-El vidrio le cortó las palmas de las manos al recargarse en ellas.- explicó el paramédico que estaba a un lado mío.
-Tenemos que llevarte al hospital.- dijo mi padre inmediatamente.
-Vamos, la ambulancia esta aquí.- anunció el paramédico abriendo la puerta trasera del vehículo.
El paramédico y yo nos subimos a la ambulancia mientras mi padre nos seguía en nuestro auto. Los tres nos dirigimos al hospital. Al llegar unas enfermeras me dirigieron a un pequeño cuarto donde aguardé unos minutos antes de que llegara el doctor con los utensilios necesarios para sacar los cristales que tenía enterrados. El doctor estuvo trabajando en mis manos algunos minutos hasta que quedaron libre de los cristales y limpias las heridas. Ardió un poco la limpieza pero mi mente estaba en el muchacho; ¿qué había pasado con él?
-Estas lista. ¿Cómo te sientes?- preguntó el médico depositando sus utensilios en una charola de plata que se encontraba sobre la mesa que tenía a su izquierda.
-Quédate.- volvió a decir el muchacho.
-Tengo que ir por ayuda.- dije tratando de zafar mi mano de la suya pero fue inútil porque el joven apretó más su mano.
-Quédate.- repitió por tercera vez.- sus ojos me transmitieron el miedo que sentía.
-Esta bien, me quedaré.- dije apartando con cuidado los cristales con la mano que tenía libre. Sentí como estos me raspaban la palma de la mano pero no le di importancia. Me senté sosteniendo la mano del muchacho.
-¿Cuál es tu nombre?- pregunté rompiendo el silencio que se había creado.
-Mi nombre es...es...- empezó a decir pero no pudo acabar la frase a causa de un ataque de tos.
-Respira, todo esta bien. Aquí estoy yo.- dije amablemente y mostrando una calurosa sonrisa.
-Mi nombre es...-comenzó a decir pero esta vez se hizo un silencio. Sus ojos azules me sostuvieron la mirada antes de cerrarlos y dejar de apretar mi mano.
-No no no...vamos responde, reacciona.- dije acariciando delicadamente el rostro del chico. Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos, sentía un nudo en el estómago y unas manos que me asfixiaban.
Solté la mano del joven y me las lleve a mi garganta; no había nada sobre está pero aún tenía ese sentimiento, esa sensación de no poder respirar. Mis pulmones me comenzaron a pedir a gritos aire fresco pero el aire no entraba a mi cuerpo. No podía dejar de ver al joven, de sentir que le había fallado. Minutos después sentí unas manos en mis caderas que me levantaban. Era un señor que vestía de blanco, me estaba preguntando algo pero no podía oírlo.
-Señorita, ¿está bien?- por fin escuche al hombre decir.
-Si...no...el joven...-no pude acabar la frase porque las lágrimas me invadieron de nuevo.
-El joven esta bien, se desmayó por el impacto y la sangre que perdió pero ya lo están trasladando al hospital. ¿Cómo te llamas?- me preguntó el paramédico.
-¡Vanesa! Gracias a Dios que estas bien.- exclamó mi padre corriendo hacia mí. Esquivó a unos policías antes de llegar a mi lado.
-¿Papá?- pregunté extrañada mientras él me abrazaba.
-Pensé que te había pasado algo. ¿Qué estabas haciendo?- preguntó revisando mi rostro. Al ver mis manos exclamó-¿Qué te paso?
-El vidrio le cortó las palmas de las manos al recargarse en ellas.- explicó el paramédico que estaba a un lado mío.
-Tenemos que llevarte al hospital.- dijo mi padre inmediatamente.
-Vamos, la ambulancia esta aquí.- anunció el paramédico abriendo la puerta trasera del vehículo.
El paramédico y yo nos subimos a la ambulancia mientras mi padre nos seguía en nuestro auto. Los tres nos dirigimos al hospital. Al llegar unas enfermeras me dirigieron a un pequeño cuarto donde aguardé unos minutos antes de que llegara el doctor con los utensilios necesarios para sacar los cristales que tenía enterrados. El doctor estuvo trabajando en mis manos algunos minutos hasta que quedaron libre de los cristales y limpias las heridas. Ardió un poco la limpieza pero mi mente estaba en el muchacho; ¿qué había pasado con él?
-Estas lista. ¿Cómo te sientes?- preguntó el médico depositando sus utensilios en una charola de plata que se encontraba sobre la mesa que tenía a su izquierda.
-Bien.- mentí viendo los pequeños cortes que tenía en las palmas. No eran muy profundos, así que no hubo necesidad de ponerme puntos.
En eso una enfermera entró en la habitación, las ojeras que tenía debajo de sus ojos sobresaltaban a causa de su pálida piel.
-El joven desconocido ha despertado. Pensé que desearía conversar con él antes de que volviera a caer dormido.- anunció la enfermera antes de salir de la habitación con la charola en mano.
-Si me disculpan, tengo que irme.
-Gracias doctor.- agradeció mi padre estrechándole la mano.
-Doctor, ¿quién es el joven que despertó?- pregunté esperanzada de que no hubiera muerto ya.
-Un joven que llegó por un accidente automovilístico. Se había desmayado por el impacto y la falta de sangre. ¿Lo conoce?- me preguntó el señor.
-Creo que si, creo que si.- respondí ausente.
-Por favor acompáñeme.- dijo el doctor abriendo la puerta y cediéndome el paso.
-Vanesa, ¿a dónde...-empezó a preguntar mi padre pero yo ya estaba afuera de la habitación e iba de camino al ver al joven desconocido.
Seguí al doctor por los pasillos llenos de enfermeras con sus vestidos blancos y a pacientes en camisón, algunos de ellos iban en sillas de ruedas.
-Sígame por favor.- dijo el médico entrando a una habitación; en la puerta decía:
-¿Dónde estoy?- preguntó el joven abriendo lentamente los ojos.
-Se encuentra en el hospital "Miranda". ¿Cuál es su nombre?
-No lo se...no recuerdo nada. Todo está en blanco.- dijo recorriendo la habitación con su mirada. Segundos después se posó en mí.-¿Quién eres?
-Soy...mi nombre es...Vanesa. Estuve contigo en el accidente.- dije lentamente.
-¿Eres mi novia?- preguntó, sus ojos mostraban una chispa de esperanza.
Me quede paralizada; si negaba su pregunta entonces perdería la esperanza que mostraban sus ojos pero no sabía nada de él, no podía aparentar ser su novia.
-¿Lo eres?- preguntó insistente.
Suspire y respondí viendo al suelo:
-No, no lo soy. Cuando tu auto se estrelló yo estaba ahí. Salí corriendo y trate de ayudarte pero minutos después del accidente quedaste inconsciente y fue cuando te trasladaron aquí. No alcanzaste a decirme tu nombre.
-Ya veo...que pena que no fueras mi novia, eres muy hermosa.- sonrió débilmente. Después de unos segundos continuó hablando viendo por la ventana que tenía al lado derecho y comenzó a jugar con sus dedos sobre el regazo.-Pero gracias por tu ayuda.
-Necesito que trate de recordar su nombre señor.- interrumpió el médico el incómodo silencio.
-No puedo recordar nada, no puedo.-su voz sonaba desesperada, angustiada y triste.
-Trate por favor, tenemos que ingresarlo al sistema. Si necesita algo llámenos.- ordenó el doctor.
Este salió de la habitación y nos quedamos solos. Él veía por la ventana y yo estaba parada frente a una pintura. Nos quedamos en silencio.
-Siéntate, con confianza.- me ofreció el asiento que estaba a su izquierda.
Vacilé unos instantes pero accedí, lo que más necesitaba él era compañía. Al sentarme, me preguntó:
-Cuéntame de ti, ¿quién eres?
-Me llamo Vanesa. Tengo 20 años y no se qué más contarte.-admití nerviosa.
El chico soltó una carcajada.
-Me alegra que te parezca divertida.- dije un poco molesta pero al mismo tiempo me alegró de verlo sonreír. Su sonrisa era sincera y hermosa.
-No es eso, te ves bella nerviosa. Ninguna chica se había puesto así a mi lado.- dijo el chico sosteniéndome la mirada.
Baje la vista y me sonrojé.
-No quería incomodarte.
-Esta bien, no te preocupes.- dije jugando con mi cabello.- Además pareces el chico que trae a todas en la palma de la mano.- agregué viéndolo a los ojos.
El joven se sorprendió y volvió a mostrarme su hermosa y delicada sonrisa.
-Vanesa, al fin te encuentro.- dijo mi padre entrando a la habitación.-¿Dónde te habías metido?
-Yo...
-Lo siento señor, estaba conmigo. Solo me hacía compañía.- dijo el joven aún con la sonrisa en su rostro.
-¿Tú eres el joven que tuvo el accidente?- preguntó mi padre señalándolo.
-Así es señor, bueno eso es lo que me han dicho.
-Papá, ¿nos podemos quedar un rato más?- pregunte en un susurro.
-Creo que el joven quiere descansar hija, mejor vámonos y mañana regresamos.
-No quiero descansar, de hecho ya no quiero estar aquí.- dijo quitando las sábanas, sacando cuidadosamente la aguja de su vena e incorporándose lentamente.
-No puedes ponerte de pie.- dije levantándome del sillón y poniendo mis manos sobre su pecho.
Debajo de la fina bata se sentían sus músculos. Me quede viendo su pecho, con mis manos sobre él. Sentía como me observaba el joven, debía sacarme 15cm de altura. Nos quedamos un largo tiempo así, la distancia entre nosotros era pequeña. podía sentir su respiración acelerada.
-Vane...es hora de irnos.- dijo mi padre interrumpiendo el momento.
-Si, es hora de irnos.- repetí viendo al chico a los ojos, la voz salió de mi boca con un leve temblor.
-¿Puedo ir con ustedes? Prometo ayudar y hacer lo que pueda.- suplicó el joven.
-Esta bien, ven con nosotros.- dijo mi padre examinando el rostro de felicidad del chico.
-Gracias, muchas gracias.- el joven tomo su ropa y fue al baño a cambiarse.
-Espero que no nos acusen por secuestrarlo.- dijo mi padre tocándose la frente.
-Tranquilo papá. No pasará nada malo.- dije abrazándolo.
El chico solo tardo unos minutos en cambiarse, salimos los tres de la habitación y pasamos por los pasillos como si nada hasta salir del hospital. Nos dirigimos al coche de mi padre. El joven se quedó afuera, observaba el coche detenidamente. En su cara se podía ver el terror, empezaba a recordar.
-Deberías hacer algo.- sugirió mi padre nervioso.
Asentí y salí del vehículo.
-¿Nos vamos?
-No puedo subir, siento...algo.- dijo llevándose las manos al corazón.
-No te pasará nada...confía en mí.- extendí mi mano y mostré una leve sonrisa.
-Confiare en ti.- dijo despeñes de unos momentos de duda y tomó mi mano.
Los dos nos subimos en la parte trasera del auto y mi padre nos llevo a casa. Todo el camino estuvimos agarrados de la mano hasta llegar a nuestro destino.
-Bienvenido.- dijo mi papá abriendo la puerta principal.
El joven paso y se asombró al ver la casa.
-Es muy hermosa. Felicidades por tener esta casa.- dijo viendo detenidamente las fotografías que estaban sobre la mesita de la entrada.
-Gracias, supongo.- respondió mi papá yendo a la cocina.- ¿Cómo te vamos a llamar?
-Como ustedes gusten.- respondió el chico animado.
-Brayan, ¿te gusta?- pregunte.
-Me gusta Brayan.- dijo volteándome a ver y mostrando una cálida sonrisa.
-Bueno Brayan, mañana iras conmigo a la tienda. Ahí trabajarás.- mi padre regresaba con una cerveza en la mano; se preparaba para ver el partido de fútbol.
-Claro que sí señor.
-Dime Alejandro. Señor me suena a viejo, o ¿qué estas insinuando?- pregunto mi padre alzando las cejas.
-No insinuo nada seño...Alejandro.- respondió Brayan alzando las manos para demostrar su inocencia.
Mi padre rió y prendió el televisor.
-Sígueme, te enseñaré tu habitación.- dije tomando su mano y dirigiéndome escaleras arriba.
Le mostre la habitación que antes era de mi hermano. Al abrirla todos los recuerdos me invadieron y los ojos se me pusieron cristalinos.
-¿Te encuentras bien?- me preguntó Brayan posando su mano sobre mi hombro.
-Sí, solo me entró polvo.- mentí tallando mis ojos.
-Me encanta, esta muy padre la habitación. ¿Quién dormía aquí?- pregunto sentándose en la cama.-Tenía muy buen gusto.-añadió viendo la decoración de la habitación.
Las paredes estaban pintadas de azul y había una enorme águila que salía de la cabecera de la cama.
-Mi hermano dormía aquí. Falleció hace tres años, su avión se estrelló cuando iba a Rusia. Nunca encontraron su cuerpo, jamás lo pudimos enterrar como es debido.- dije tragando saliva para quitar el nudo de mi garganta.
-Lo siento, no quería incomodarte.- se disculpó poniéndose de pie.
-No lo sabías. Además fue hace varios años.- negué con la cabeza.
ÉL sonrió debilmente y nos quedamos en silencio.
-Será mejor que te deje. Si quieres tomar una ducha aquí están las toallas y alguna ropa de mi hermano, tal vez te queden.- le indique el armario donde seguían las cosas de Leo.-Por acá esta el baño.- dije abriendo una pequeña puerta de madera.
-Gracias Vanesa.
-Puedes llamarme Vane. Solo me llaman Vanesa cuando están enojados conmigo.
-Gracias Vane.- corrigió Brayan con una sonrisa.
Sonreí y salí del cuarto para darle un poco de privacidad y antes de que me pusiera a llorar frente a él. Fui directo a mi habitación y comencé a llorar, aún no superaba la muerte de Leonardo. Me recosté en la cama y cerré los ojos. Los recuerdos me invadieron.
"Estimado Sr. Alejandro Méndez:
Nos apena informarle que el avión 489 con destino a Rusia donde viajaba su familiar, Leonardo Méndez, ha sufrido un accidente el día 20 de agosto del presente año donde no ha habido ningún sobreviviente. Se están haciendo investigaciones para saber la causa del accidente.
Sin más por el momento, Aerolínea Nacional de Rusia (ANR)."
Abrí los ojos y seque las pequeñas gotas que escapaban de mis ojos. Ese día mamá había llorado mucho, lloro hasta quedarse dormida. Dos meses después se suicido, quien hubiera imaginado que el espíritu de Leo la haya conducido hasta su muerte.
-Vane, vamos a cenar amor.- me aviso mi papá entrando al cuarto.-¿Por qué lloras pequeña?
-La habitación de Leo me trae muchos recuerdos.- admití incorporándome.
-Ya esta la cena.- exclamó Brayan desde las escaleras interrumpiendo lo que iba a decir mi padre.
Ambos salimos de la habitación en silencio y nos dirigimos a la planta baja. Al entrar al comedor casi me rompo en llanto; Brayan usaba la playera favorita de mi hermano. Brayan sintió mi tensión porque de inmediato me preguntó si todo estaba bien. Asentí y luego negué, nada estaba bien. Mi padre le explicó a Brayan el significado de la playera.
-Si gustan me la puedo cambiar.- dijo preocupado el chico.
-No, puedes quedártela. Ya no la vamos a usar otra vez.- dijo mi padre sin compasión.
Al escuchar esas palabras las lágrimas comenzaron a salir sin control. "Ya no la vamos a usar otra vez", era lo que había dicho mi padre, es decir, Leo ya no iba a volver. Sequé las lágrimas y respire hondo. Nos sentamos a comer en silencio. Los molletes que había hecho Brayan estaban deliciosos pero el hambre se me había ido. Comí solamente uno y me retiré a mi cuarto. Estando ahí, me desvestí y me tire a la cama. Me puse los audífonos y me desconecte del mundo. Tenía los ojos cerrados cuando sentí una mano en mi hombro. Al abrir los ojos encontré el rostro de Brayan.
-¡Brayan! ¿Qué haces aquí?- pregunte tapándome con la sábana.
-Estaba preocupado. Toqué la puerta pero no respondiste. Tu padre se fue a dormir, dijo que estarías bien pero yo...seguía preocupado.- explicó sin quitarme los ojos de encima.
-Y ¿por eso entraste así a mi habitación?
-Se que estuvo mal-
-Muy mal.- lo corregí sonrojada.
-Pero me preocupe mucho por ti. Cada vez que te veo triste siento un nudo en el estómago.- explicó tocando su abdomen.
-¿Puedes cerrar los ojos?
Él asintió y cerró sus ojos. Me puse de pie y tome una blusa que me llegaba hasta las rodillas.
-Listo.-anuncié estirando la prenda.
Brayan abrió los ojos y al verme se sorprendió. Un tono rojizo inundó sus mejillas y sus manos comenzaron a sudar.
-¿Pasa algo malo?- pregunté viéndome en el espejo.
-No, solo que...-dijo acercándose a mí.- Solo que me ha invadido un sentimiento...no se como explicarlo.
Ya iba a responder cuando tomo mis mejillas y posó sus labios sobre los míos. Sus labios eran cálidos y suaves, llenos de pasión. Al principio era él el que besaba pero unos segundos después yo respondí el beso. Sus manos comenzaron a recorrer mi cabello, mi cuello, mis brazos y mi espalda. Cada segundo que pasaba los besos se volvían más intensos. Sus manos bajaron a mi cintura y me levanto con tanta delicadeza que me pareció estar flotando. Enrolle mis piernas en su cuerpo y deje que me llevara, me guiara. Me condujo a la cama y ahí me depositó con sumo cuidado. A pesar de estar encima de mi no sentía su peso, solo su calor. Sus manos se deslizaron a mis piernas y con un movimiento suave y preciso me quitó la blusa. Admiro mi cuerpo unos segundos antes de volver a besarme. Su boca se deslizó a mis mejillas, mi cuello para seguir el camino de mi pecho. Deslizo sus manos por mi espalda y me levanto para que quedara sobre él. Le quite la playera torpemente y acaricie su pecho, este era fuerte pero suave. Brayan acaricio mi espalda mientras nos besábamos y cuando menos lo esperé me quitó el sostén.
-Creo que vamos demasiado rápido.- susurre mientras tomábamos aire.
-Lo siento, no se que me pasa. Nunca había sentido esto por alguien.- se disculpó Brayan, viendo mi pecho.
Me baje de él y me puse la blusa.
-Será mejor que te vayas. Papá se enojara si te ve aquí.- dije abriendo la puerta para que saliera.
Brayan asintió y tomo su playera. Sin decir nada salió de la habitación. Cerré la puerta y me quede recargada en ella. Al reaccionar, tome mi ropa interior y mi pijama y me fui a bañar. Disfrute la regadera como nunca lo había hecho; el chorro de agua caía por mi espalda, justo por donde las manos de Brayan habían pasado. Toque mis labios con mis dedos y volví a saborear el dulce sabor de Brayan.
-¿Vanesa estas ahí?- pregunto una voz ronca del otro lado de la puerta.
Cerré el agua y me enrolle la toalla. Abrí ligeramente la puerta y vi el rostro soñoliento de mi padre.
-Pensé que estabas dormido.
-Me levanté por agua y oí ruidos en tu habitación.-dijo mi padre echando un vistazo al cuarto de baño.-¿todo en orden?
Asentí lentamente, no sabía a lo que se refería.
-Todo esta bien...solo me di un baño.- dije finalmente.-Papá me voy a vestir.
-Oh claro, buenas noches hija.- se despidió antes de salir del cuarto.
Cerré la puerta y solté un suspiro. Me vestí y salí del baño. Sobre la cama había una nota que decía:
"Vane perdón por haberte besado de esa forma, fue imprudente y no tenía el derecho de hacerlo. Te pido que me disculpes y prometo que no volverá a suceder, al menos sin tu consentimiento. Espero puedas perdonarme y en lo que a mi concierne trataré de olvidar ese apasionado y encantador beso que tuvimos.
Brayan
P.D. Te digo un secreto...me encanto el beso y no deseo olvidarlo."
Al leer la última frase la hoja se me cayó de las manos y me quede estupefacta. Moví la cabeza para despejarla de todas las cosas que habían pasado y me recosté. "Me encantó el beso" había puesto Brayan, "No deseo olvidarlo", él también sentía lo mismo que yo, no queríamos olvidar ese estupendo beso. Gire en la cama hasta quedarme dormida. Entonces mis memorias y anhelos me invadieron, se fundieron y se convirtieron en mi sueño.
En eso una enfermera entró en la habitación, las ojeras que tenía debajo de sus ojos sobresaltaban a causa de su pálida piel.
-El joven desconocido ha despertado. Pensé que desearía conversar con él antes de que volviera a caer dormido.- anunció la enfermera antes de salir de la habitación con la charola en mano.
-Si me disculpan, tengo que irme.
-Gracias doctor.- agradeció mi padre estrechándole la mano.
-Doctor, ¿quién es el joven que despertó?- pregunté esperanzada de que no hubiera muerto ya.
-Un joven que llegó por un accidente automovilístico. Se había desmayado por el impacto y la falta de sangre. ¿Lo conoce?- me preguntó el señor.
-Creo que si, creo que si.- respondí ausente.
-Por favor acompáñeme.- dijo el doctor abriendo la puerta y cediéndome el paso.
-Vanesa, ¿a dónde...-empezó a preguntar mi padre pero yo ya estaba afuera de la habitación e iba de camino al ver al joven desconocido.
Seguí al doctor por los pasillos llenos de enfermeras con sus vestidos blancos y a pacientes en camisón, algunos de ellos iban en sillas de ruedas.
-Sígame por favor.- dijo el médico entrando a una habitación; en la puerta decía:
NOMBRE: desconocido
Entré a la habitación y el doctor estaba revisando los signos vitales del joven.-¿Dónde estoy?- preguntó el joven abriendo lentamente los ojos.
-Se encuentra en el hospital "Miranda". ¿Cuál es su nombre?
-No lo se...no recuerdo nada. Todo está en blanco.- dijo recorriendo la habitación con su mirada. Segundos después se posó en mí.-¿Quién eres?
-Soy...mi nombre es...Vanesa. Estuve contigo en el accidente.- dije lentamente.
-¿Eres mi novia?- preguntó, sus ojos mostraban una chispa de esperanza.
Me quede paralizada; si negaba su pregunta entonces perdería la esperanza que mostraban sus ojos pero no sabía nada de él, no podía aparentar ser su novia.
-¿Lo eres?- preguntó insistente.
Suspire y respondí viendo al suelo:
-No, no lo soy. Cuando tu auto se estrelló yo estaba ahí. Salí corriendo y trate de ayudarte pero minutos después del accidente quedaste inconsciente y fue cuando te trasladaron aquí. No alcanzaste a decirme tu nombre.
-Ya veo...que pena que no fueras mi novia, eres muy hermosa.- sonrió débilmente. Después de unos segundos continuó hablando viendo por la ventana que tenía al lado derecho y comenzó a jugar con sus dedos sobre el regazo.-Pero gracias por tu ayuda.
-Necesito que trate de recordar su nombre señor.- interrumpió el médico el incómodo silencio.
-No puedo recordar nada, no puedo.-su voz sonaba desesperada, angustiada y triste.
-Trate por favor, tenemos que ingresarlo al sistema. Si necesita algo llámenos.- ordenó el doctor.
Este salió de la habitación y nos quedamos solos. Él veía por la ventana y yo estaba parada frente a una pintura. Nos quedamos en silencio.
-Siéntate, con confianza.- me ofreció el asiento que estaba a su izquierda.
Vacilé unos instantes pero accedí, lo que más necesitaba él era compañía. Al sentarme, me preguntó:
-Cuéntame de ti, ¿quién eres?
-Me llamo Vanesa. Tengo 20 años y no se qué más contarte.-admití nerviosa.
El chico soltó una carcajada.
-Me alegra que te parezca divertida.- dije un poco molesta pero al mismo tiempo me alegró de verlo sonreír. Su sonrisa era sincera y hermosa.
-No es eso, te ves bella nerviosa. Ninguna chica se había puesto así a mi lado.- dijo el chico sosteniéndome la mirada.
Baje la vista y me sonrojé.
-No quería incomodarte.
-Esta bien, no te preocupes.- dije jugando con mi cabello.- Además pareces el chico que trae a todas en la palma de la mano.- agregué viéndolo a los ojos.
El joven se sorprendió y volvió a mostrarme su hermosa y delicada sonrisa.
-Vanesa, al fin te encuentro.- dijo mi padre entrando a la habitación.-¿Dónde te habías metido?
-Yo...
-Lo siento señor, estaba conmigo. Solo me hacía compañía.- dijo el joven aún con la sonrisa en su rostro.
-¿Tú eres el joven que tuvo el accidente?- preguntó mi padre señalándolo.
-Así es señor, bueno eso es lo que me han dicho.
-Papá, ¿nos podemos quedar un rato más?- pregunte en un susurro.
-Creo que el joven quiere descansar hija, mejor vámonos y mañana regresamos.
-No quiero descansar, de hecho ya no quiero estar aquí.- dijo quitando las sábanas, sacando cuidadosamente la aguja de su vena e incorporándose lentamente.
-No puedes ponerte de pie.- dije levantándome del sillón y poniendo mis manos sobre su pecho.
Debajo de la fina bata se sentían sus músculos. Me quede viendo su pecho, con mis manos sobre él. Sentía como me observaba el joven, debía sacarme 15cm de altura. Nos quedamos un largo tiempo así, la distancia entre nosotros era pequeña. podía sentir su respiración acelerada.
-Vane...es hora de irnos.- dijo mi padre interrumpiendo el momento.
-Si, es hora de irnos.- repetí viendo al chico a los ojos, la voz salió de mi boca con un leve temblor.
-¿Puedo ir con ustedes? Prometo ayudar y hacer lo que pueda.- suplicó el joven.
-Esta bien, ven con nosotros.- dijo mi padre examinando el rostro de felicidad del chico.
-Gracias, muchas gracias.- el joven tomo su ropa y fue al baño a cambiarse.
-Espero que no nos acusen por secuestrarlo.- dijo mi padre tocándose la frente.
-Tranquilo papá. No pasará nada malo.- dije abrazándolo.
El chico solo tardo unos minutos en cambiarse, salimos los tres de la habitación y pasamos por los pasillos como si nada hasta salir del hospital. Nos dirigimos al coche de mi padre. El joven se quedó afuera, observaba el coche detenidamente. En su cara se podía ver el terror, empezaba a recordar.
-Deberías hacer algo.- sugirió mi padre nervioso.
Asentí y salí del vehículo.
-¿Nos vamos?
-No puedo subir, siento...algo.- dijo llevándose las manos al corazón.
-No te pasará nada...confía en mí.- extendí mi mano y mostré una leve sonrisa.
-Confiare en ti.- dijo despeñes de unos momentos de duda y tomó mi mano.
Los dos nos subimos en la parte trasera del auto y mi padre nos llevo a casa. Todo el camino estuvimos agarrados de la mano hasta llegar a nuestro destino.
-Bienvenido.- dijo mi papá abriendo la puerta principal.
El joven paso y se asombró al ver la casa.
-Es muy hermosa. Felicidades por tener esta casa.- dijo viendo detenidamente las fotografías que estaban sobre la mesita de la entrada.
-Gracias, supongo.- respondió mi papá yendo a la cocina.- ¿Cómo te vamos a llamar?
-Como ustedes gusten.- respondió el chico animado.
-Brayan, ¿te gusta?- pregunte.
-Me gusta Brayan.- dijo volteándome a ver y mostrando una cálida sonrisa.
-Bueno Brayan, mañana iras conmigo a la tienda. Ahí trabajarás.- mi padre regresaba con una cerveza en la mano; se preparaba para ver el partido de fútbol.
-Claro que sí señor.
-Dime Alejandro. Señor me suena a viejo, o ¿qué estas insinuando?- pregunto mi padre alzando las cejas.
-No insinuo nada seño...Alejandro.- respondió Brayan alzando las manos para demostrar su inocencia.
Mi padre rió y prendió el televisor.
-Sígueme, te enseñaré tu habitación.- dije tomando su mano y dirigiéndome escaleras arriba.
Le mostre la habitación que antes era de mi hermano. Al abrirla todos los recuerdos me invadieron y los ojos se me pusieron cristalinos.
-¿Te encuentras bien?- me preguntó Brayan posando su mano sobre mi hombro.
-Sí, solo me entró polvo.- mentí tallando mis ojos.
-Me encanta, esta muy padre la habitación. ¿Quién dormía aquí?- pregunto sentándose en la cama.-Tenía muy buen gusto.-añadió viendo la decoración de la habitación.
Las paredes estaban pintadas de azul y había una enorme águila que salía de la cabecera de la cama.
-Mi hermano dormía aquí. Falleció hace tres años, su avión se estrelló cuando iba a Rusia. Nunca encontraron su cuerpo, jamás lo pudimos enterrar como es debido.- dije tragando saliva para quitar el nudo de mi garganta.
-Lo siento, no quería incomodarte.- se disculpó poniéndose de pie.
-No lo sabías. Además fue hace varios años.- negué con la cabeza.
ÉL sonrió debilmente y nos quedamos en silencio.
-Será mejor que te deje. Si quieres tomar una ducha aquí están las toallas y alguna ropa de mi hermano, tal vez te queden.- le indique el armario donde seguían las cosas de Leo.-Por acá esta el baño.- dije abriendo una pequeña puerta de madera.
-Gracias Vanesa.
-Puedes llamarme Vane. Solo me llaman Vanesa cuando están enojados conmigo.
-Gracias Vane.- corrigió Brayan con una sonrisa.
Sonreí y salí del cuarto para darle un poco de privacidad y antes de que me pusiera a llorar frente a él. Fui directo a mi habitación y comencé a llorar, aún no superaba la muerte de Leonardo. Me recosté en la cama y cerré los ojos. Los recuerdos me invadieron.
"Estimado Sr. Alejandro Méndez:
Nos apena informarle que el avión 489 con destino a Rusia donde viajaba su familiar, Leonardo Méndez, ha sufrido un accidente el día 20 de agosto del presente año donde no ha habido ningún sobreviviente. Se están haciendo investigaciones para saber la causa del accidente.
Sin más por el momento, Aerolínea Nacional de Rusia (ANR)."
Abrí los ojos y seque las pequeñas gotas que escapaban de mis ojos. Ese día mamá había llorado mucho, lloro hasta quedarse dormida. Dos meses después se suicido, quien hubiera imaginado que el espíritu de Leo la haya conducido hasta su muerte.
-Vane, vamos a cenar amor.- me aviso mi papá entrando al cuarto.-¿Por qué lloras pequeña?
-La habitación de Leo me trae muchos recuerdos.- admití incorporándome.
-Ya esta la cena.- exclamó Brayan desde las escaleras interrumpiendo lo que iba a decir mi padre.
Ambos salimos de la habitación en silencio y nos dirigimos a la planta baja. Al entrar al comedor casi me rompo en llanto; Brayan usaba la playera favorita de mi hermano. Brayan sintió mi tensión porque de inmediato me preguntó si todo estaba bien. Asentí y luego negué, nada estaba bien. Mi padre le explicó a Brayan el significado de la playera.
-Si gustan me la puedo cambiar.- dijo preocupado el chico.
-No, puedes quedártela. Ya no la vamos a usar otra vez.- dijo mi padre sin compasión.
Al escuchar esas palabras las lágrimas comenzaron a salir sin control. "Ya no la vamos a usar otra vez", era lo que había dicho mi padre, es decir, Leo ya no iba a volver. Sequé las lágrimas y respire hondo. Nos sentamos a comer en silencio. Los molletes que había hecho Brayan estaban deliciosos pero el hambre se me había ido. Comí solamente uno y me retiré a mi cuarto. Estando ahí, me desvestí y me tire a la cama. Me puse los audífonos y me desconecte del mundo. Tenía los ojos cerrados cuando sentí una mano en mi hombro. Al abrir los ojos encontré el rostro de Brayan.
-¡Brayan! ¿Qué haces aquí?- pregunte tapándome con la sábana.
-Estaba preocupado. Toqué la puerta pero no respondiste. Tu padre se fue a dormir, dijo que estarías bien pero yo...seguía preocupado.- explicó sin quitarme los ojos de encima.
-Y ¿por eso entraste así a mi habitación?
-Se que estuvo mal-
-Muy mal.- lo corregí sonrojada.
-Pero me preocupe mucho por ti. Cada vez que te veo triste siento un nudo en el estómago.- explicó tocando su abdomen.
-¿Puedes cerrar los ojos?
Él asintió y cerró sus ojos. Me puse de pie y tome una blusa que me llegaba hasta las rodillas.
-Listo.-anuncié estirando la prenda.
Brayan abrió los ojos y al verme se sorprendió. Un tono rojizo inundó sus mejillas y sus manos comenzaron a sudar.
-¿Pasa algo malo?- pregunté viéndome en el espejo.
-No, solo que...-dijo acercándose a mí.- Solo que me ha invadido un sentimiento...no se como explicarlo.
Ya iba a responder cuando tomo mis mejillas y posó sus labios sobre los míos. Sus labios eran cálidos y suaves, llenos de pasión. Al principio era él el que besaba pero unos segundos después yo respondí el beso. Sus manos comenzaron a recorrer mi cabello, mi cuello, mis brazos y mi espalda. Cada segundo que pasaba los besos se volvían más intensos. Sus manos bajaron a mi cintura y me levanto con tanta delicadeza que me pareció estar flotando. Enrolle mis piernas en su cuerpo y deje que me llevara, me guiara. Me condujo a la cama y ahí me depositó con sumo cuidado. A pesar de estar encima de mi no sentía su peso, solo su calor. Sus manos se deslizaron a mis piernas y con un movimiento suave y preciso me quitó la blusa. Admiro mi cuerpo unos segundos antes de volver a besarme. Su boca se deslizó a mis mejillas, mi cuello para seguir el camino de mi pecho. Deslizo sus manos por mi espalda y me levanto para que quedara sobre él. Le quite la playera torpemente y acaricie su pecho, este era fuerte pero suave. Brayan acaricio mi espalda mientras nos besábamos y cuando menos lo esperé me quitó el sostén.
-Creo que vamos demasiado rápido.- susurre mientras tomábamos aire.
-Lo siento, no se que me pasa. Nunca había sentido esto por alguien.- se disculpó Brayan, viendo mi pecho.
Me baje de él y me puse la blusa.
-Será mejor que te vayas. Papá se enojara si te ve aquí.- dije abriendo la puerta para que saliera.
Brayan asintió y tomo su playera. Sin decir nada salió de la habitación. Cerré la puerta y me quede recargada en ella. Al reaccionar, tome mi ropa interior y mi pijama y me fui a bañar. Disfrute la regadera como nunca lo había hecho; el chorro de agua caía por mi espalda, justo por donde las manos de Brayan habían pasado. Toque mis labios con mis dedos y volví a saborear el dulce sabor de Brayan.
-¿Vanesa estas ahí?- pregunto una voz ronca del otro lado de la puerta.
Cerré el agua y me enrolle la toalla. Abrí ligeramente la puerta y vi el rostro soñoliento de mi padre.
-Pensé que estabas dormido.
-Me levanté por agua y oí ruidos en tu habitación.-dijo mi padre echando un vistazo al cuarto de baño.-¿todo en orden?
Asentí lentamente, no sabía a lo que se refería.
-Todo esta bien...solo me di un baño.- dije finalmente.-Papá me voy a vestir.
-Oh claro, buenas noches hija.- se despidió antes de salir del cuarto.
Cerré la puerta y solté un suspiro. Me vestí y salí del baño. Sobre la cama había una nota que decía:
"Vane perdón por haberte besado de esa forma, fue imprudente y no tenía el derecho de hacerlo. Te pido que me disculpes y prometo que no volverá a suceder, al menos sin tu consentimiento. Espero puedas perdonarme y en lo que a mi concierne trataré de olvidar ese apasionado y encantador beso que tuvimos.
Brayan
P.D. Te digo un secreto...me encanto el beso y no deseo olvidarlo."
Al leer la última frase la hoja se me cayó de las manos y me quede estupefacta. Moví la cabeza para despejarla de todas las cosas que habían pasado y me recosté. "Me encantó el beso" había puesto Brayan, "No deseo olvidarlo", él también sentía lo mismo que yo, no queríamos olvidar ese estupendo beso. Gire en la cama hasta quedarme dormida. Entonces mis memorias y anhelos me invadieron, se fundieron y se convirtieron en mi sueño.
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