CAPÍTULO III
Desperté sintiéndome cansada. Mis labios estaban secos. Fui al baño y me lave la cara. Los labios los sentía cansados, como si hubiera besado toda la noche. Entonces el sueño vino a mi; el cuerpo de Brayan unido al mío en el acto más puro que el ser humano puede hacer entre ellos.
-A desayunar princesa.- llamo mi papá desde la puerta.
-Bajo en un minuto.- anuncié poniéndome las pantuflas y saliendo de la habitación.
Al llegar a la cocina vi a mi padre sentado en la mesa leyendo el periódico y a Brayan, con un mandil verde, sirviendo los huevos.
-Hola amor, Brayan nos hizo el desayuno. Que maravilla de chico.- anunció mi padre viendo el delicioso platillo.
-Hola Vane, espero que te gusten los huevos con tocino.- dijo el muchacho amablemente.
Puso un plato con dos huevos estrellados y un par de tiras de tocino. Al oler el tocino me entraron náuseas y salí corriendo de la cocina.
-Vanesa por favor.- exclamó mi padre desde la cocina.
Me encerré en el baño hasta que las náuseas se calmaron. Una vez tranquila, me arme de valor y volví a la habitación donde estaban los hombres.
-Por fin, ya me comi tu desayuno. Ahora tendrás que hacértelo tu misma.- me reprochó mi padre negando la cabeza.
-No sabía que eras vegetariana.- se diculpó el muchacho.
-Casi nadie lo sabe, es una tortura.- dije alzandome de hombros para restarle importancia.
-¿No entiendo? ¿Tiene alg de malo ser vegetariana?- preguntó Brayan confuso.
-En nuestra familia si. Todos eran carnívoros hasta ella. Es la "deshonra" de la familia, el patito feo.- respondió mi padre las preguntas.
Los ojos se me llenaron de lágrimas y volví a salir corriendo. Mi padre nunca acepto ese defecto, como él solía llamarlo, de mi. Cuando Leo vivía me defendía, le decía que yo era diferente y que eso era excelente, que esta familia necesitaba un cambio. Un día prometió que él también se volvería vegetariano pero claro esta que eso nunca sucedió.
Subí a mi habitación y me encerré allí. Saque un block de dibujo y puse manos a la obra. Cuando dibujaba nada me importaba, no existía el tiempo, solo éramos el lápiz y yo. Una ocasión llegue a dibujar en mi mano; no me importo el regaño de mi madre, había sido una obra maestra.
Esta vez empece a dibujar el sueño, el cuerpo desnudo de Brayan. Empece por unas líneas y poco a poco su hermoso cuerpo se fue formando.
-Me dibujas mejor de lo que soy.- dijo una voz a mis espaldas.
Solté el lápiz y me di la vuelta. El chico estaba atrás de mi, de pie admirando el dibujo.
-Que no se te haga costumbre entrar a mi cuarto sin tocar.- dije tapando el dibujo con mis brazos.
-Es hermoso el dibujo. Tienes talento.- dijo ignorando mi comentario- ¿Puedo verlo?
-Absolutamente no.- dije negando la cabeza.
-Vamos, es una obra de arte.- dijo tratando de tomar el block.
-No Brayan, basta.- dije un poco molesta.
-¿No confías en tu arte?- me pregunto Brayan.
-Si...no....si...¿qué?- pregunte confusa.
-Sólo déjame verlo.- dijo quitándome el block y saliendo corriendo del cuarto.
-Brayan dámelo.- exclamé corriendo tras él.
Bajamos las escaleras y empezamos a correr por la sala para seguir ena cocina.
-Chicos ya basta.- grito mi padre furioso, saliendo de su despacho.
-Brayan no me quiere dar mi block.- replique.
-Brayan devuelve eso y vamos a la tienda. Es hora de enseñarte tus obligaciones.- dijo mi padre tomando su chaqueta y las llaves del auto.- Vane regresamos para la hora de la cena.- dijo antes de salir de la casa.
-Te salvo tu padre, ya me vengare.- dijo Brayan devolviéndome el block y saliendo detras de mi padre.
Me quede sola en la casa, el dibujo de Brayan estaba arrugado a causa de los movimientos del muchacho. Regrese a mi habitación, arranqué la hoja y la tire a la basura. Lo que había sido un bello retrató ahora era un dibujo arrugado.
"Ese chico me sacara de quicio" pensé tomando mi ropa y metiéndome a la ducha. Tarde varios minutos, el agua empapaba mis cabellos. Tenía los ojos cerrados tratando de olvidar todo, todo lo sucedido, quedarme en blanco. Cuando empezaba a lograrlo sonó el teléfono.
"Esto no puede estar pasando" pensé cerrando las llaves del agua y enrollandome la toalla alrededor del cuerpo. Salí corriendo del baño y conteste el teléfono que tenía sobre el buro; ya habían colgado cuando levanté el auricular.
-¡Genial!- dije poniendo el teléfono en su lugar frustrada.
Al entrar al cuarto de baño volvió a sonar el teléfono.
-¡Por favor!- exclamé saliendo del baño.- ¿Diga?- pregunte alzando el auricular.
-Buenos días señorita, puedo hacerle una pregunta.- dijo una voz masculina.
-¿Quien habla?- pregunte despacio.
-Soy el detective Jorge Sánchez. Tengo entendido que usted conoce al joven Mario Solares.
-Lo lamento pero no se quien es.
-Es el joven del accidente automovistico de ayer en la noche.- aclaro el detective.
-¿Ese es su nombre? ¿Mario Solares?- pregunte confundida.
-Así es señorita. Queremos saber si sabe algo respecto al joven.
-Este...¿por qué?- pregunte despacio.
-Ayer desapareció del hospital y no sabemos nada de él.- dijo el detective, serio.- Su familia lo esta buscando.
-¿Su familia?- pregunte decepcionada.
-Si, su prometida lo reconoció en las noticias.- respondió el detective.-¿Sabe donde esta?
Dudé unos segundos pero no pude mentirle y le conté todo lo que había pasado.
-Debe llevarlo a la oficina.- respondió cuando termine de hablar.
-Lo llevare mañana, hoy fue a trabajar con mi padre.
-¿Trabajar?- pregunto el detective asombrado.
-Él quiso ayudar económicamente en la casa, así que mi padre lo llevo a la tienda para enseñarle lo que debía hacer.
-Ya veo.- dijo el detective antes de guardar silencio.- Si es así entonces nos veremos mañana.- respondió antes de colgar.
"Esta comprometido, ella lo esta buscando" pensé mientras regresaba al baño.
-Pensé que era el chico con el que iba a estar el resto de mi vida.- dije para mi.
Me seque y me vestí. Tome mi bolso y salí de la casa. El cielo estaba nublado, parecía que iba a llover. Cruce la calle sin fijarme y una voz conocida me despertó.
-Vanesa, ¡cuidado!- exclamó la voz acercándose a mi.
Levante la vista y solté un grito. Un auto negro se acercaba a una velocidad impresionante. Me quede en medio de la calle, mis piernas no reaccionaban. Pensé que iba a morir hasta que una persona me jalo y caímos al suelo.
-¿Te hiciste daño?- preguntó la persona que estaba a mi lado.
-No, solo me raspe pero estoy...bien.- al ver a mi salvador me quede sin habla. Era un chico de cabellos oscuros y ojos azules.
-Déjame ayudarte.- dijo el muchacho incorporándose y tendiendome una mano.
Tome su mano sin apartar la vista de el; se me hacia conocido, ya había visto ese rostro antes.
-¿Quién eres?- pregunte aun impactada.
-Soy Marco, vamos juntos en la universidad.- respondió el guapo joven, un poco desilusionado.
-Marco...Marco...-dije tratando de hacer memoria.
-Haremos juntos una autopsia.- agregó Marco.
-Claro claro, ya te recuerdo pero ¿que haces aquí?- pregunte un poco avergonzada por el incidente.
-Iba a ir a tu casa para preguntarte si querías ir a ver algunos hospitales conmigo, para hacer la practica.- dijo el muchacho avergonzándose un poco.
-¿Sabes donde vivo?
-Algo así, Abril me dio tu dirección.- dijo poniéndose rojo.
-No sabia que hablaras con Abril.- dije extrañada.
-No hablo con ella pero...- no termino la frase.
Nos quedamos en silencio por unos segundos hasta que un señor nos pidió permiso. Nos movimos y sin querer mi mano rozo la suya. Nos volteamos a ver y me empece a sonrojar.
-¿A donde ibas?- me pregunto Marco viendo sus manos.
-Iba a la tienda de mi papa.
-Te acompaño para que no te pase nada.- se ofreció Marco viéndome a los ojos.
-Ammm...gracias, supongo.- dije dudosa.
Nos pusimos en marcha. Todo el camino estuvimos en silencio. Al llegar a la tienda le agradecí por su compañía.
-No fue nada.- dijo con una sonrisa.
-Vanesa, ¿qué haces aquí?- preguntó mi padre saliendo de la tienda.
-Tengo que hablar con Brayan. Es urgente.- dije viendo a mi padre y olvidándome de Marco.
Entre a la tienda y vi a Brayan en los probadores. Me dirigí a él cuando recordé a Marco y di media vuelta.
-Vanesa.- gritó Brayan.
Me pare en seco
"Maldicion" susurre.
-Hola.- dije con una sonrisa forzada.
-¿Que haces aquí?- me pregunto el chico acercándose a mi.
Solté un suspiro
-Vengo a hablar contigo.
-¿Que pasa mi niña linda.- dijo Brayan con una enorme sonrisa.
-Mañana tenemos que ir a la oficina de policías. Tu prometida y familia te están buscando.- dije viendo al suelo.
-¿Prometida?- me pregunto el chico confundido.
-Si, hoy hablaron a la casa para informarme que tu prometida te reconoció en la televisión y te esta buscando Mario. Ese es tu nombre, Mario Solares.
-Quiero creer que el detective te dijo todo esto.- comentó Brayan.
-Así es. Me contó todo.
Brayan se quedo callado. Su rostro había cambiado, se había endurecido. Sus ojos Se volvieron cristalinos pero no derramaron ninguna gota. Nos quedamos en silencio varios minutos hasta que mi padre llego
-Brayan ayúdame a mover unas cajas por favor.
-Claro señor.- dijo Brayan en un susurro.
-Vane, ve a la casa. El chico con el que llegaste te esta esperando, se ofreció a llevarte a casa.- dijo mi padre viendo unos papeles que tenía en las manos.
-¿Cual chico?- preguntó Brayan alzando la cabeza.
-Es un amigo de la universidad. Haremos un proyecto juntos.- dije viendo el rostro del joven serio.
-Ese muchacho es agradable. ¿Por qué no me lo habías presentado hija?
-No se había dado la oportunidad.- dije casi en un susurro.
-Lo invite a cenar hoy amor, espero no te moleste.- continuó mi padre sin escucharme.
-¿A cenar?- preguntó Brayan molesto.
-Si, es muy amable y acepto con gusto. Espero que pronto sea tu novio hija, ese tipo de chicos son los que valen la pena, ¿no crees Brayan?- preguntó mi padre alzando la vista de las hojas.
-Si, eso creo. Si me disculpan tengo que ir a revisar unas cosas.- dijo el muchacho.
Su rostro estaba rojo y sus manos estaban tensas y cerradas en puños.
No hay comentarios:
Publicar un comentario