lunes, 8 de diciembre de 2014

The Last Dream CAPÍTULO X

CAPÍTULO X

-¿Aceptas por esposo a Mario Solares?- preguntó el sacerdote con una sonrisa en su rostro.
-Sí acepto.- respondió una chica.
-Y tu Mario, ¿aceptas a Sara Macconi como tu esposa?- volvió a preguntar el padre viendo al chico.
-Si acepto.- respondió Mario con una enorme sonrisa. 
-Entonces los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia.
Mario sonrió y se acercó a Sara. Tomo su velo y lo alzó para después besar a su esposa. Toda la iglesia se puso de pie, aplaudían y gritaban de la emoción. Todos estaban alegres menos yo. Mi padre me sacó de la iglesia, ahí esperaríamos a los esposos para felicitarlos. 
Cuando salieron, mi padre me acercó a ellos. 
-Felicidades chicos, espero que sean muy felices juntos.- nos felicitó mi padre dándoles un abrazo a la pareja.
-Muchas gracias Sr.- respondió el novio alegre.
-Felicidades Brayan...perdón Mario.- dije con una sonrisa forzada.
-Gracias Vane, me alegra que estes aquí. Hoy es un día muy especial e importante para mi y quiero compartirlo con toda mi familia y amigos, con todas las personas que quiero.
Esas palabras fueron como una daga para mi corazón. Yo tenía que estar a su lado vestida de blanco, yo tenía que ser la esposa de Brayan, yo tenía que ser la Sra. Solares.
Mi padre estaba platicando con Sara, al parecer le caía muy bien.
-Papá, será mejor que nos vayamos.- dije viendo el suelo.
-¿Por qué cariño? Si apenas estan saliendo todos, en unos minutos nos vamos al salón para la fiesta.- respondió mi padre viendo a los chicos.
-Quiero irme a casa, no me siento bien.- dije seria y tratando de que no temblara mi voz. 
-Pero hija...
-Por favor papá.- insistí.
-Esta bien hija, nos iremos a casa. Lamento no poder acompañarlos en la fiesta pero si no nos vamos a casa, no dejará de molestar y no disfrutaré la fiesta. Trataré de llegar más tarde.- dijo mi padre despidiéndose de Sara y Mario. 
-No se preocupe Sr. Alejandro. Entendemos que estos meses han sido muy difíciles para su hija. Primero el accidente que la deja paralítica y luego su novio la deja...-dijo Sara con una sonrisa.
Fulminé a Sara con la mirada, desde que nos conocimos no dejaba de recordarme lo desdichada que era. Había perdido mis piernas, el hombre que amo y a Marco. Todo había empeorado en menos de dos meses.
-Me encantaría que fueras mi hija Sara, eras tan linda y comprensiva.- agregó mi padre antes de tomar mi silla de ruedas e irnos.
Todo el camino estuvimos en silencio. Al llegar a casa, mi padre me cargó y me sentó en la silla. 
-¿No te importa si voy a la fiesta?- me preguntó mi padre. 
Aún no habíamos entrado a casa y ya se quería ir. Respiré y le dije con una sonrisa:
-No importa, ve a la fiesta y diviértete.
-Gracias Vane, vuelvo como a la una.- dijo mi padre subiendo al coche.- Si necesitas algo llámame.- dijo antes de que su voz se perdiera por la distancia.
Me quedé afuera de la casa durante unos minutos. Aún no era experta para entrar a la casa pero tenía que intentarlo. Con mucho trabajo subí la rampa que mi padre había colocado para mi. Al llegar a la puerta, la silla de ruedas se atoró y al tratar de zafarme la silla de ruedas se balanceó y acabe en el suelo. 
La rodilla me comenzó a sangrar y no podía colocar bien la silla de ruedas. Estaba en el suelo, fuera de mi casa y estaba sola. Estaba completamente sola. 
-Vane...Vane...- escuché a lo lejos. 
Volteé y vi a Leo con una enorme sonrisa.
-Vane ven conmigo.- dijo mi hermano extendiendo su mano.
Dude unos instantes pero al final acepté su ayuda. Con un ligero movimiento me puse de pie y comencé a caminar. 
-Te extraño hermano.- dije abrazándolo.
-Todo se va a poner difícil hermanita, vas a tener que pasar por muchas pruebas. Tienes que ser fuerte, tienes que resistir.- dijo mi hermano antes de que todo se pusiera negro. 
-¡Leo! ¡Leo!- exclamé despertándome y volviendo a la realidad.  

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